EXTO NEUROMANAGEMENT OCT25 SES5
Publicación animada
Experto en Neuromanagement
Título
MASTERCLASS
Profesor: Javier González de Herrera
Todo depende de cómo lo veo
¿Cómo son las cosas?
La historia que te cuentas es la historia que vives
Nando Parrado
Distinciones: el poder del lenguaje
6
Exigencia vs. Excelencia
Dos caminos para alcanzar resultados
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Exigencia
Identidad frágil "Soy lo que hago": la identidad depende completamente del resultado, creando una autovaloración inestable .
Perfección imposible Busca lo perfecto, no lo mejor posible. Establece estándares inalcanzables que generan frustración continua .
Miedo al error El error equivale a fracaso personal, generando parálisis, control excesivo y rigidez organizacional.
El clima emocional resultante se caracteriza por tensión permanente, obligación en lugar de motivación , desconfianza entre equipos, y una cultura basada en el control más que en la colaboración .
Excelencia
Mejora continua
Busca el progreso constante, no la perfección inalcanzable
Identidad sólida
Separa ser y hacer – “soy más de lo que hago”
Aprendizaje activo
El error se transforma en oportunidad de crecimiento
Cultura positiva
Fomenta confianza, delegación efectiva y compromiso genuino
La excelencia representa un paradigma completamente diferente, centrado en el desarrollo continuo y el bienestar sostenible.
Excelenciavs. Excelencia
EXCELENCIA
EXIGENCIA
Busca mejorar
Busca lo perfecto
Error = oportunidad
Error = fracaso
Confianza
Control
Aprendizaje
Inmovilidad
Alegría y celebración
Tensión y reproches
Soy más de lo que hago
Soy lo que hago
Estas diferencias no son sutiles: definen un liderazgo y autoliderazo antagónico, con impactos profundos en el compromiso, la innovación y el bienestar de los equipos.
Preguntas para el cambio
Visión transformadora ¿Qué cambiaría en tu trabajo si te movieras hacia la excelencia?
Liberación personal ¿Qué parte de ti podrías liberar si soltaras la autoexigencia?
Autoevaluación ¿Desde dónde actúas más a menudo, la exigencia o la excelencia?
El cambio comienza hoy Cada decisión que tomes desde la excelencia en lugar de la exigencia es un paso hacia una cultura más humana, sostenible y exitosa.
Transformación cultural No ocurre de la noche a la mañana. Cada pequeño cambio en la dirección correcta construye una organización más resiliente, innovadora y humana.
Poder vs. Autoridad
Auctoritas vs. Potestas
Claves para ser referente
• Alguien con quien se podía hablar de todo • Me ayudabaa sentirmemejorcuandolos momentosno eran buenos, y me respetaba cuando me daba el “ bajón ” • Su capacidad para ser riguroso y serio con lo que se comprometía • Sabíaescucharmecomonadieme habíaescuchado • La persona que más valientemente me decía las cosas que veía en mi y que sentía que me tenía que decir. • Yo diría que lo que más admiraba eran sus valores • Respuesta simple: sentía que me quería • Sabía que era capaz de conseguir más, me ayudaba a proyectarme a ser major, y me acompañaba
¡Muchas gracias! +0034 669 632 884 jgonzalez@plus.consulting www.plus.consulting
¡Muchas gracias!
Nota técnica CONCEPTO DE DISTINCIÓN
“ Nuestro lenguaje forma nuestras vidas y hechiza nuestro pensamiento ” Albert Einstein
El lenguaje nos proporciona la capacidad de distinguir aquello que nombramos. Esta es una idea que nos interesa especialmente por diferentes motivos. En primer lugar, porque cuando distinguimos algo nuevo, adquirimos un aprendizaje que amplía nuestra mirada y que por tanto, modifica nuestra capacidad de acción. La ciencia nos ofrece múltiples ejemplos en este sentido: hoy somos capaces de distinguir células, moléculas, átomos o estrellas, gracias a que hemos sido capaces de desarrollar aparatos de medición más complejos y precisos que nos permiten observar una parte de la realidad que siempre estuvo allí pero que no podíamos ver. En el mundo laboral también podemos encontrar ejemplos interesantes. Pensemos en cualquier profesional y en las distinciones específicas y particulares que necesita manejar dentro de su ámbito de intervención para ser eficaz o, lo que es lo mismo, las distinciones que le van a permitir observar más allá de lo que ve la mayoría: un médico posee distinciones sobre el cuerpo humano que le permite intervenir sobre la salud, interpretar una prueba diagnóstica o curar enfermos. Un mecánico tiene distinciones para observar el motor de un coche y repararlo cuando se estropea, un arquitecto posee distinciones que le ayudan a generar planos y construir casas. Un abogado o un juez tienen distinciones que les permiten interpretar las leyes e intervenir de manera eficaz en un juicio. Finalmente, pensemos en diferentes contextos sociológicos e imaginemos las distinciones que serían necesarias para sobrevivir en un entorno como la selva amazónica. El nativo ha aprendido cosas relacionadas con su hábitat que le permiten observarlo de un modo muy diferente a como lo haríamos la mayoría de nosotros, habitantes de grandes ciudades. Allí donde el nativo sería capaz de distinguir qué plantas son venenosas y cuáles sirven para alimentarse, para vestirse o para curar enfermedades, nosotros nos comportaríamos como verdaderos analfabetos, incapaces de aprovechar los recursos del entorno, de tal modo que la falta de distinciones adecuadas afectaría seriamente a nuestra supervivencia. El segundo aspecto que nos interesa del concepto de distinción es la idea de que sólo somos capaces de observar aquello que podemos distinguir o separar en el lenguaje como algo diferente. Dicho de otra manera, no podemos distinguir aquello que no conocemos, aquello para lo cual no tenemos una distinción lingüística, aquello, en suma, que no podemos nombrar. Un individuo de principios del siglo XX que se situara frente a un ordenador portátil no tendría las distinciones necesarias para nombrarlo y mucho menos para utilizarlo. Este individuo podría observar un aparato compuesto por diferentes metales, plásticos, cristales, luces y cables, porque tendría distinciones limitadas solo a estos aspectos, pero no podría observar un ordenador, tal y como nosotros somos capaces de hacerlo. Siguiendo con el ejemplo de la selva amazónica, la mayoría de nosotros no seríamos capaces de nombrar y por tanto tampoco
podríamos observar, por ejemplo, las plantas que los indígenas utilizan para hacer emplastos y curar heridas.
El coaching ayuda a la persona a buscar nuevas formas de observar, a ampliar su mirada, para encontrar nuevas opciones, alternativas que antes no veía. Para ello, utilizamos las distinciones como herramientas de intervención. Trabajamos con palabras cotidianas que el cliente de coaching (el coachee, en nuestra jerga) utiliza habitualmente con una determinada interpretación y las rescatamos para darles una visión nueva, un nuevo matiz, que favorecen la reflexión, el cambio de perspectiva y, por tanto, acciones diferentes. Las distinciones no son algo estático, podemos darle un sentido hoy a una palabra y mañana enfocarnos en un matiz diferente. Lo importante no es la interpretación que le damos a una palabra, sino las nuevas posibilidades que nos proporciona, porque al hacerlo, nos permite actuar de forma distinta. Queremos terminar esta presentación aportando dos ideas más sobre el concepto de distinción. En primer lugar, la distinción que podemos hacer entre distinguir y conocer. Quien conoce algo, puede entenderlo de forma racional y aun así vivirlo como algo que no le influye, algo ajeno. Quién distingue algo, lo tiene incorporado, lo ha integrado en su vida, lo ha experimentado personalmente, lo ha hecho propio y lo utiliza en su día a día cuando es necesario. Por ejemplo, la mayoría de los lectores sabemos (conocemos) que la calidad del vino varía mucho en función de la cosecha. Sabemos, por ejemplo, que hay años especialmente buenos y otros que es mejor evitar. Sin embargo, solo lo más expertos serán capaces de distinguir con precisión a qué cosecha corresponde un vino, mediante su degustación.
Poder – Autoridad
“ EL PODER SE CONSIGUE POR VARIOS MEDIOS: HEREDADO, COMPRADO, ASIGNADO. LA AUTORIDAD TIENE UNA SOLA FORMA DE CONSEGUIRSE: TE LA OTORGAN LOS DEMÁS”. Aunque suelen confundirse la autoridad con el poder, porque en definitiva son personas a las que identificamos inicialmente como “las que nos indican lo que debemos hacer ” , creemos que agregar esta distinción puede enriquecer nuestro mundo del liderazgo. Realmente la diferencia entre autoridad y poder es muy grande, y nada mejor que repasar sus definiciones para entenderlo mejor. QUÉ ES EL PODER El poder es la facultad de forzar a alguien a realizar nuestra voluntad, por causa de nuestra posición o fuerza, aunque esa persona no prefiera hacerlo. QUÉ ES LA AUTORIDAD La autoridad es la habilidad de generar confianza, respeto y admiración en los demás, de manera que su voluntad es la de seguir lo que indica el que ha generado esa autoridad, porque se cree que siguiendo su directriz o instrucción, el resultado será beneficioso. Ghandi es un ejemplo de una persona con mucha autoridad y tal vez, aunque cuestionable, poco poder. Cuestionable porque con su autoridad consiguió tener poder. Pero como bien decíamos en la definición, fue un poder otorgado por sus seguidores. No estamos afirmando que el poder sea algo negativo. Quizás es un punto de partida en el liderazgo empresarial (poder impuesto por el rol del puesto en la organización), puede ser por tanto un punto de apoyo inicial, pero pronto transitará a la generación o pérdida de autoridad. A veces es necesario recurrir al poder. Pero el exceso del uso de poder corroe las relaciones. La autoridad construye relaciones. Una persona puede tener poder, pero no tener autoridad (¿algún caso que conozcas?). Una persona puede tener mucha autoridad, y no tener inicialmente ningún poder impuesto por otro. Y una persona puede tener ambas, tanto poder como autoridad, y usar el poder cuando solo lo considere necesario. El poder hace referencia a la capacidad de sancionar, de penalizar. Tiene poder la Guardia Civil de Tráfico o el directivo ante sus empleados, pero su influencia es de corto alcance, ya que se ejerce mientras se vigila. El poder puede ser transmitido, vendido, comprado o tomado. La autoridad nos la otorga cualquier persona que nos reconozca como referente en algo. El poder puede dañar las relaciones, la autoridad construye relaciones. A veces, como líderes, podemos necesitar recurrir al poder, pero debemos evaluar por qué es necesario hacerlo.
Por el contrario, la autoridad ejerce una influencia de largo alcance, y es independiente de que la persona que la posee esté o no presente. Se sigue a la persona con autoridad por convencimiento. Las cualidades de una persona que tiene autoridad son aprendidas. No nacemos con ellas, sino que las vamos adquiriendo a lo largo de nuestra vida, y en mayor o menor medida, todos disponemos de ellas para ejercer el liderazgo: honestidad, compromiso, motivación, coherencia, generar confianza y otras tantas, son comportamientos, y como todos los comportamientos pueden ser elegidos. El gran desafío del líder es cambiar sus hábitos para elegir los comportamientos adecuados. CUALIDADES DE LA AUTORIDAD Pensemos en una persona a la que le hayamos otorgado autoridad. Es decir, en una persona con influencia positiva sobre nuestra vida. Pensemos en alguien por quien estaríamos dispuestos a hacer cualquier cosa. Puede ser el cónyuge, el padre, la madre, el abuelo, la abuela, el entrenador, un jefe, un profesor, un médico, un amigo, una amiga, un líder político o religioso, etc. Al enumerar una lista de cualidades de esa persona podemos explicar por qué la hemos elegido a ella en concreto y no a otra. ¿Por qué ella y no otra despertó nuestra preferencia e interés?
Reflexionemos y tratemos de especificar aquellas características que, a nuestro juicio, son esenciales para mandar con autoridad. ¿Son innatas? ¿Son adquiridas?
Cuando hayamos llegado a siete distinciones, quizás estén bajo una de éstas a las que llegó James Hunter:
Honradez, ser digno de confianza Ejemplaridad Estar pendiente de los demás Estar comprometido Ser atento (atención) Exigir responsabilidad a las personas Tratar con respeto a los demás Animar Tener una actitud positiva, entusiasta Apreciar a las personas
Nota técnica CONCEPTO DE DISTINCIÓN
“ Nuestro lenguaje forma nuestras vidas y hechiza nuestro pensamiento ” Albert Einstein
El lenguaje nos proporciona la capacidad de distinguir aquello que nombramos. Esta es una idea que nos interesa especialmente por diferentes motivos. En primer lugar, porque cuando distinguimos algo nuevo, adquirimos un aprendizaje que amplía nuestra mirada y que por tanto, modifica nuestra capacidad de acción. La ciencia nos ofrece múltiples ejemplos en este sentido: hoy somos capaces de distinguir células, moléculas, átomos o estrellas, gracias a que hemos sido capaces de desarrollar aparatos de medición más complejos y precisos que nos permiten observar una parte de la realidad que siempre estuvo allí pero que no podíamos ver. En el mundo laboral también podemos encontrar ejemplos interesantes. Pensemos en cualquier profesional y en las distinciones específicas y particulares que necesita manejar dentro de su ámbito de intervención para ser eficaz o, lo que es lo mismo, las distinciones que le van a permitir observar más allá de lo que ve la mayoría: un médico posee distinciones sobre el cuerpo humano que le permite intervenir sobre la salud, interpretar una prueba diagnóstica o curar enfermos. Un mecánico tiene distinciones para observar el motor de un coche y repararlo cuando se estropea, un arquitecto posee distinciones que le ayudan a generar planos y construir casas. Un abogado o un juez tienen distinciones que les permiten interpretar las leyes e intervenir de manera eficaz en un juicio. Finalmente, pensemos en diferentes contextos sociológicos e imaginemos las distinciones que serían necesarias para sobrevivir en un entorno como la selva amazónica. El nativo ha aprendido cosas relacionadas con su hábitat que le permiten observarlo de un modo muy diferente a como lo haríamos la mayoría de nosotros, habitantes de grandes ciudades. Allí donde el nativo sería capaz de distinguir qué plantas son venenosas y cuáles sirven para alimentarse, para vestirse o para curar enfermedades, nosotros nos comportaríamos como verdaderos analfabetos, incapaces de aprovechar los recursos del entorno, de tal modo que la falta de distinciones adecuadas afectaría seriamente a nuestra supervivencia. El segundo aspecto que nos interesa del concepto de distinción es la idea de que sólo somos capaces de observar aquello que podemos distinguir o separar en el lenguaje como algo diferente. Dicho de otra manera, no podemos distinguir aquello que no conocemos, aquello para lo cual no tenemos una distinción lingüística, aquello, en suma, que no podemos nombrar. Un individuo de principios del siglo XX que se situara frente a un ordenador portátil no tendría las distinciones necesarias para nombrarlo y mucho menos para utilizarlo. Este individuo podría observar un aparato compuesto por diferentes metales, plásticos, cristales, luces y cables, porque tendría distinciones limitadas solo a estos aspectos, pero no podría observar un ordenador, tal y como nosotros somos capaces de hacerlo. Siguiendo con el ejemplo de la selva amazónica, la mayoría de nosotros no seríamos capaces de nombrar y por tanto tampoco
podríamos observar, por ejemplo, las plantas que los indígenas utilizan para hacer emplastos y curar heridas.
El coaching ayuda a la persona a buscar nuevas formas de observar, a ampliar su mirada, para encontrar nuevas opciones, alternativas que antes no veía. Para ello, utilizamos las distinciones como herramientas de intervención. Trabajamos con palabras cotidianas que el cliente de coaching (el coachee, en nuestra jerga) utiliza habitualmente con una determinada interpretación y las rescatamos para darles una visión nueva, un nuevo matiz, que favorecen la reflexión, el cambio de perspectiva y, por tanto, acciones diferentes. Las distinciones no son algo estático, podemos darle un sentido hoy a una palabra y mañana enfocarnos en un matiz diferente. Lo importante no es la interpretación que le damos a una palabra, sino las nuevas posibilidades que nos proporciona, porque al hacerlo, nos permite actuar de forma distinta. Queremos terminar esta presentación aportando dos ideas más sobre el concepto de distinción. En primer lugar, la distinción que podemos hacer entre distinguir y conocer. Quien conoce algo, puede entenderlo de forma racional y aun así vivirlo como algo que no le influye, algo ajeno. Quién distingue algo, lo tiene incorporado, lo ha integrado en su vida, lo ha experimentado personalmente, lo ha hecho propio y lo utiliza en su día a día cuando es necesario. Por ejemplo, la mayoría de los lectores sabemos (conocemos) que la calidad del vino varía mucho en función de la cosecha. Sabemos, por ejemplo, que hay años especialmente buenos y otros que es mejor evitar. Sin embargo, solo lo más expertos serán capaces de distinguir con precisión a qué cosecha corresponde un vino, mediante su degustación.
Exigencia o excelencia
“Mi única política es dar lo mejor de mí todos y cada uno de los días” Abraham Lincoln
Definimos la excelencia como el cuidado y la atención por hacer las cosas lo mejor posible. Con independencia de la tarea, la excelencia es un camino que se recorre poniendo en juego nuestras mejores capacidades y que ofrece importantes frutos que están relacionados con el aprendizaje, la creatividad y el crecimiento personal. Aristóteles decía que la excelencia no es una acción, sino un hábito. Algo similar a lo que expresa Lincoln cuando habla de dar lo mejor de sí mismo cada día. La exigencia es un camino muy diferente. La persona exigente (y exigida) no busca tato el hacer las cosas lo mejor posible como el hacerlas perfectas. Este es un matiz muy importante, porque esta búsqueda se hace lógicamente imposible, de manera que uno siempre queda insatisfecho, frustrado y anhelante. El camino de la exigencia siempre está lleno de autorreproches y de sufrimiento: “podías haberte esforzado más”, “podías haberlo hecho mejor”. La exigencia tiene la siguiente conversación asociada: “lo que hago es lo que soy. Y lo que soy hoy es lo que siempre seré. Mi ser y mi haber están íntimamente identificados y además son inamovibles e inmutables. Cada error, cada tropiezo en el camino, es un fracaso insostenible que afecta a lo más profundo de mi identidad”.
Veamos más despacio esta conversación, que arranca de una dificultad para comprender la diferencia entre ser y hacer. Cuando no tenemos clara esta distinción, creemos que nuestra identidad se constituye mediante nuestras acciones. ”Yo soy lo que hago”. Así pues, con el fin de consolidad una identidad más valorada, hacemos y hacemos, esperando recibir el reconocimiento y el aprecio de los demás. En este camino, sin embargo, nos olvidamos de nuestro verdadero ser, nuestras necesidades, nuestros intereses, nuestras prioridades o nuestras emociones. El hacer nos vuelca en exceso hacia el exterior, hacia el otro. La consecuencia es que perdemos el contacto con nosotros mismos. La idea de que “lo que hago es lo que soy”, además, hace que cualquier error se convierta en un grave atentado a nuestra identidad. Cuando se produce un fallo, lo vivimos como un auténtico fracaso personal, como veremos después. Finalmente, la idea de que lo que hago es lo que soy suele acompañarse también de una idea de inamovilidad. Dado que parece que existiera un “motor interno” qu e nos impele siempre a actuar de la misma manera, asumimos que este motor continuará funcionando el resto de nuestra vida. Siempre ha sido así y siempre será así, de forma que cerramos las puestas al cambio, al aprendizaje, al desarrollo. En el camino de la excelencia, los errores son parte natural de la acción y pueden incluso ser vistos como una oportunidad para detectar desviaciones mejorar y aprender de lo realizado. En este entorno, es mucho más probable, que nos atrevamos a intentar cosas nuevas, asumir riesgos y desplegar creatividad. En el camino de la exigencia, sin embargo, el error es vito como un enorme fracaso, algo muy difícil de aceptar y de diferir. Por na parte, porque se vive internamente como un atentado al ser, como acabamos de ver. Por otra parte, porque es un obstáculo que se interpone en la búsqueda de la perfección. Cuando se tiene este punto de vista, es mejor poner toda la atención en la evitación del error y, en consecuencia, arriesgarse lo menos posible, de modo que cuando aparece un fallo, podemos negárnoslo, esconderlo o incluso desviarlo señalando a otra persona como culpable, todo ello para evitarnos el sufrimiento y la frustración que nos produciría admitir algo que nos resulta muy difícil, porque nos deja muy vulnerables ante la idea de haber tenido un terrible fracaso. En el camino de la excelencia, el liderazgo se centra en la mejora, el aprendizaje y el crecimiento de las personas. Esto facilita una comunicación más abierta y auténtica y un mayor compromiso de los quipos. La delegación se hace más responsable y el clima laboral más positivo. En el camino de la exigencia, sin embargo, hay más dificultad para confiar en los demás, por lo que aumenta la necesidad de controlarlo todo con el fin de garantizar el éxito de los resultados. Cuanto más controla la persona exigente, menos compromiso obtiene del equipo. La comunicación abierta y franca desaparece, la delegación disminuye y el ambiente se vuelve más y más tenso. En el camino de la excelencia, hay más alegría, los logros se celebran el feedback y el reconocimiento fluyen de manera natura, las personas disfrutan afrontando nuevos retos, resolviendo problemas, logrando las metas propuestas. En el camino de la exigencia hay más obligación, no hay mucho que celebrar, las cosas nunca están suficientemente bien. “Podíamos habernos esforzado un poco más”. “Lástima que no
hayamos tenido tiempo de hacer una última revisión”. El foco se pone más en lo que falta que en lo que hay, la que genera mucha más tensión. Esto hace que no se encuentren motivos para sentirse satisfecho y en consecuencia celebrar, agradecer o felicitarse. El camino de la excelencia se acompaña del bienestar, la satisfacción y la alegría que producen la posibilidad de crear el aprendizaje, el clima de compañerismo que se genera, etc. El camino en sí se hace mucho más importante que la meta. En el camino de la exigencia, sin embargo, todo el beneficio queda postergado al momento en que se culmine alcanza, no se experimenta ningún bienestar y rápidamente se pone en el foco en un nuevo objetivo por el comenzar una nueva lucha. La excelencia genuina es el resultado de un estado de excelencia interior. Esto significa distinguir ente lo que eres y lo que haces y entre lo que eres y lo que puedes llegar a ser. Dicho de otra manera, aceptas que el aprendizaje, el desarrollar relaciones armónicas y respetuosas, centradas en el deseo de asistir y de ser asistido, de cooperar, en vez de competir, de dar lo mejor de ti mismo y, en última instancia, de disfrutar de una sensación interior de bienestar.
EXCELENCIA
EXIGENCIA
Busca la mejora
Busca lo perfecto
Error = Oportunidad
Error = Fracaso
Aprendizaje
Inmovilidad
Compromiso
Control
Confianza
Desconfianza
Delegación
Estrecha supervisión
Proactividad
Reactividad
Innovación
Miedo a probar
Alegría y celebración
Tensión y reproches
Da buen Feedback
No da buen feedback
Abierto a recibir feedback
Cerrado a recibir feedback
Clima positivo
Clima de tensión
Soy más de lo que hago
Soy lo que hago
Aristóteles decía que, para desarrollar el hábito de la excelencia, tenemos que aprender a preguntarnos todo el tiempo. Tal vez puedas hacerte algunas preguntas nuevas después de esta lectura: ¿qué parte de tu ser estás poniendo en tu hacer que te pone tan a la defensiva? ¿Qué harías con el tiempo libre que te sobrara si fueras capaz de liberarte de esa batalla?
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